Caso 1
La indemnización que cambia de cuenta
Tras un siniestro, llega un correo «del cliente» con un justificante y una cuenta nueva para cobrar la indemnización. El correo viene de su dirección real, porque se la han robado. La correduría tramita el cambio y la aseguradora paga a la cuenta equivocada.
Qué lo frena: Ningún cambio de cuenta de un cliente se aplica sin confirmarlo por teléfono con él, al número que ya constaba en su ficha.
Caso 2
La contraseña compartida del portal
Todo el equipo entra al portal de una aseguradora con el mismo usuario, que está apuntado en un post-it y guardado en todos los navegadores. Un equipo infectado basta para que alguien de fuera entre a la cartera, y nadie sabe quién hizo qué.
Qué lo frena: Usuarios individuales en cada portal, doble factor donde la aseguradora lo permita y un gestor de contraseñas en lugar del navegador.
Caso 3
El cuestionario de salud en el correo
Los cuestionarios médicos y los informes de los clientes van y vienen por correo y se quedan años en las bandejas de entrada. Un buzón comprometido es una filtración de datos de salud de toda la cartera.
Qué lo frena: Un sistema único y seguro para intercambiar documentos con clientes, doble factor en el correo y limpieza periódica de lo que ya no hace falta guardar.